
"Moradas,
es el resultado de dos años de trabajo en el pequeño pueblo
de Pedregal, ubicado al pie de la Sierra de Coro en el Estado Falcón,
al noroeste de Venezuela. Aunque inicialmente me impresionó la particularidad
de Pedregal - situado a más de 40 kilómetros de la carretera
más cercana, sin agua ni fuentes de trabajo, como evidencia de la miseria
en que sumieron innumerables pueblos antes prósperos con la llegado
de la fiebre petrolera, pronto el trabajo se convirtió en algo mucho
más universol.
En cierta forma, esta serie de fotografías es un testimonio de la vida
rural, de lo imprescindible, del tiempo detenido; pero sobre todo, es el reflejo
de la decisión cotidiana que determina nuestra propia realidad existencial:
pelear por la vida o dejarse morir.
No es casual que las personas y los objetos aparezcan en constante tensión,
en el centro de la batalla, entre luz y sombra.
¿ Por qué desde adentro? ... Moradas es el adentro. El lugar
donde se ocultan los cosas. De donde venimos, El refugio donde volvemos, donde
nos confrontamos y buscamos 'revelarnos'. Allí, donde no hay otro,
busco ... sigo buscando.
Mirna
Chacín
Maracaibo, 1987.
Las Moradas Interiores
Victor
Fuenmayor
Revista VITRAL, Sección "Nuestros Fotógrafos".
Maracaibo-Zulia.1987
Por
exceso mismo de un monstruoso error técnico, la crítica se apresura
a mirar la fotografía como "un mensaje sin código",
tal como lo dijo una vez Barthes de una manera definitiva. Llamo error a esa
apreciación de la fotografía de acuerdo a la anterioridad que
la soporta en el mundo de lo real, pero no en el mundo de la significación.
No sabemos nunca lo que es el estilo ni la escritura del fotógrafo,
porque de antemano nos situamos en el marco de la referencia a los objetos.
La imagen, sin embargo, requiere de las modalidades de la escritura visual
que son esas posibilidades, técnicas o temáticas, que tienen
el perfume de las soluciones dadas por un grupo o una época. Y más
allá de esas posibilidades de lo que es fotografiable, compromiso técnico
o referencial, se cristaliza la originalidad de la mirada.
En ese sentido, las fotos de Mirna Chacín pueden tener una catalogación
superficial según ciertos elementos de arquitectura que aparecen en
numerosos fotógrafos. No nos extrañemos de ello, puesto que
Mirna consagra su tiempo a ese arte del espacio arquitectural, pero su mirada
clara parece adentrarse en el espacio para sacar de ellos su nota de estilo,
diferencia visual de la originalidad de la mirada. Ella mira siempre hacia
la luz de esos espacios, hacia esos rayos que parecen descender sobre la arquitectura
y la gente de ese pueblo del estado Falcón que se llama Pedregales.
Es la luz la que fascina su mirada. Esa luz natural que entra a los aposentos
de las "moradas interiores". Esos títulos, en sus fotografías,
la llevan hacia esa resonancia mítica e insospechada, que resuena como
los ecos de los remanzos y moradas eternas. La morada es el asiento del hombre.
Sobre la silla de ruedas una mancha de luz incide como el acento fuerte de
la sinonimia. Un horcón caído parece detener aún más
la marcha de una invalidez humana, de la historia de ese pueblo. Se trata
de algo detenido, como el tiempo en Pedregales, y se trata a la vez de detener
fotográficamente la imagen del pueblo que ha quedado allí, atrapado,
como la silla de ruedas en los escombros.
La fotografía que me encanta, en esa fotógrafa de veinticinco
años y premio de la II Bienal Ciudad de Maracaibo, contiene esa misma
luz posándose sobre el copo de la cabeza de un niño sentado
sobre sus talones. La sombra inviertiendo el cuerpo, y deformándolo,
lo internaliza en la más profunda de las moradas interiores: el cuerpo
se fetaliza hasta poblar el vientre luminosos del espacio. La verdadera originalidad
es pasar de la escritura al estilo por ese rayo de luz que abarca el registro
de una invalidez del hombre (silla de ruedas) exterior y una reminiscencia
de la eterna morada interior (sombra fetal). La única manera de aproximarse
a la objetividad fotográfica de Mirna es atravesar esa luz metafórica
para llegar a la verdadera realidad: la morada interior.
Mirna
Chacín en Galería Grafís
Diario PANORAMA, 11 de septiembre de 1987.
Maracaibo-Venezuela
Por
un lapso de dos años, el pueblo de "Pedregal", en la sierra
falconiana, ha tenido su fotógrafo, una persona que por circunstancias
de trabajo, un día llegó, se fascinó y es ahora parte
del mismo.
En "Moradas", hay un trabajo de rigor, de reto con la luz y la sombra,
con el tiempo, con la vida y la muerte. La clave del trabajo es la luz, esa
luz definirá el tiempo. Las sombras alargadas e infinitas marcarán
el contraste.
"Moradas, no es sólo un trabajo de luz y sombras, es también
un testimonio de la vida rural, de lo cotidiano e impredecible, del "negarse
a morir" o del "tiempo se detuvo".
Lo que en años anteriores fue el resultado de trabajos tan importantes
como los realizados por Walker Evans, Dorothea Lange, Russell Lee y otros
fotógrafos norteamericanos sobre la América rural y que en definitiva
fueron trascendentes y aún vigentes, marcaron una estética de
la imagen.
"Moradas" es sin duda un trabajo marcado por los elementos básicos
de la fotografía: control de la luz y las sombras, aparte de ser un
valioso testimonio fotográfico, por lo cual Mirna Chacín fue
recompensada en la pasada II Bienal de Artes Visuales "Ciudad de Maracaibo"
con el primer premio en fotografía.
Esta valiosa muestra será exhibida en la Galería Grafis, a partir
de esta noche, a las ocho.
Fotografiar la Intimidad
Aliana González
Diario EL NACIONAL, 30 de septiembre de 1989.
Caracas-Venezuela.
La
casa como morada del alma, es retratada por Mirna Chacín desde el humilde
pueblo de Pedregal. Allí la luz revaloriza las sombras y la soledad
asume otra perspectiva, más de mueble, de objeto abadonado. El bahareque
y la piedra se transforman para darle cabida a la vida y la fotografía
irrumpe en la intimidad del campesino, en la cotidianidad rural, para descubrir
otros puntos de vista.
Moradas es el nombre de la muestra que inaugura este domingo en la Sala La
Fotografía del Ateneo de Caracas, en las que con 25 fotografías
Mirna Chacín pretende "Inventar el contraste de la luz y la sombra,
hacerlo parecido a la lucha que existe entre el bien y el mal, la vida y la
muerte".
Indagando
moradas propias
Aliana González
Diario EL NACIONAL, 21 de octubre de 1989.
Caracas-Venezuela.
Indagar
en las moradas de otros puede tener sus riesgos, como toparse, con uno mismo
en un espejo o descubrirse tras un armario, lleno de soledad. La fuerza del
otro nos enfrenta a nuestra propia debilidad y contra su dignidad se aturden
nuestras pequeñas bajezas. Esta es de alguna manera la confesión
de Mirna Chacín quien mañana clausura su muestra fotográfica
en la Sala La Fotografía de Los Espacios Cálidos, en el Ateneo
de Caracas.
-Yo empecé haciendo un trabajo de un lugar y terminé haciendo
un trabajo de mi misma. El lugar terminó siendo la excusa y lo que
en realidad planteo es mi propia confrontación.
Absoluto el desnudo del alma. Contra la sencillez del campesino no hay arma
que valga y aunque Mirna Chacín no quiera admitirlo, el pueblo de Pedregal
se convirtió en su propia y secreta morada, como para encontrarla más
allá de las piedras del camino.
- Lo más importante para mí es la connotación que tiene
la luz y la sombra, que es desde adentro lo que digo, que es la propia confrontación
individual, simplemente plasmada a través de las imágenes de
un pueblo que vive también una lucha propia. Este trabajo fue un descubrimiento
de mi misma.
Hace tres años Mirna Chacín se cargó su morral al hombro
y se fue a Pedregal para huir un poco de Maracaibo. No contaba con la amabilidad
de la gente, la entereza de alma, el plato de comida siempre esperando y la
solidaridad de una familia que era el pueblo entero. Relación llena
de pequeños detalles cotidianos que la hacen fuerte y que terminaron
por atraparla
-Tuve que dejar de ir, ya era casi un vicio. Cada vez que quería enfrentarme
conmigo misma iba allá
-¿Por qué Pedregal?
-Por la dignidad, sobre todo, que es lo que más me sorprendió.
Son una gente muy fuerte, con mucho orgullo. Tienen su propia cooperativa
y construyeron su carretera. Quiero, después de aquí, llevar
la exposición a Pedregal y de alguna manera devolvérsela. Allá
parece que el tiempo no pasa, la gente está como por terquedad de vivir.
El trabajo de Mirna Chacín es, sobre todo, intuitivo. Se deja llevar
por lo que le pide la cámara. No hace falta la programación
sistemática de la Imagen.
-Creo que esta muestra es el reflejo de la soledad de cada uno.
La exposición se muestra simultáneamente en la Galería
del Notariado en Montevideo y el año próximo podrán verla
los habitantes de Padova, en Italia, en el Café Pedrocchi o en la Universita
Popolare.
Moradas Miradas
Catálogo de Moradas, 01 de octubre de 1989
Maracaibo-Venezuela
"MORADAS es un reportaje hermosamente subjetivo, construido con imágenes que narran serenamente, pero sin omisiones, la desesperación y el vacío cotidiano de un pueblo deprimido en lo moral y en lo económico. Además de una bella colección de fotos, MORADAS es una pieza de periodismo literario."
Marco Tulio Socorro M.
"Es ese registro intimista de la cotidianeidad de un pequeño pueblo, Pedregal, el que hace el trabajo de Mirna Chacín importante. El letargo - más no la paz - subrayado por el manejo deliberado del conflicto luz/sombra, en una proposición casi maniquea, y los elementos inteligentemente captados por la fotógrafo, sin negarse la posibilidad de disparo en el momento único e irrepetible en un lugar donde todo parece repetirse, nos obligan a ver esta interpretación del pueblo como un reportaje visual creativo y honesto en la desnudez de su intencionalidad."
Margarita Arribas
"Amo
la absoluta luz en las fotografías de Mirna. Amo casi las sombras que
no son trabajadas como esquemática proyección de cuerpos trabajados
por esa luz, sino - me atrevo a adivinar - como irradiaciones sombrías
de otros cuerpos, de otras cosas que se oponen a la luminosidad.
Hay un estudio arduo y evidente en el trabajo de Mirna; una búsqueda
- tal vez un encuentro - sobre las fronteras de lo radiante y lo oscuro: el
misterioso acontecimiento de la irradiación, luminosa tocándose
e interactuando con el territorio de las sombras. Hay, además, otras
observaciones obvias: el gusto por la composición mesurado e inteligente,
la amorosa elaboración de las texturas, etc., todo está allí,
detenido, a la vista de los eruditos. Yo, que no lo soy, me intereso en cambio
por la vida suspendida de los seres que Mirna capta en sus retratos. Ellos
parecen haber abandonado una lucha en la que habrían salido irremediablemente
derrotados. Semejan flores que se hubieran doblado con humildad ante la lluvia.
En cierto modo, deben ser seres vencidos, pero quiero pensar que simplemente
se han doblado como flores ante la lluvia.
Quiero pensar que no son seres destruidos, sino que contemplan con igual serenidad,
desde sus sillas desgastados, el paseo resplandeciente de la vida y el advenimiento
seguro de la muerte.
Quiero pensar, como me lo sugiere la mirada de cierto niño, que son
seres mucho más maduros de lo que podemos suponer. Quizá por
ello no se debaten entre la luz y la sombra, sino que aceptan con tranquilidad
ser habitados por ambas. Eso es lo que amo en las fotos de Mirna. Ella viajará
en estos días a conocer otras moradas, en compañía de
alguien que no conocemos."
Juan Bravo
"Conozco a Mirna desde que las dos vivíamos en un pueblo. Un pueblo mediocre, pero poseedor de una formidable cadena de montañas azules. Esto último ha debido marcarla, pues en medio de la sordidez de estas imágenes, hay siempre un elemento poético que redime ese mundo."
Milagros Socorro
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