La fotografía es un documento interior
Moraima Guanipa
Diario EL IMPULSO, 9 de octubre de 1990.
Barquisimeto-Venezuela.

Fotografiar es como asistir a un acto de iniciación en el que la luz se constituye en una suerte de pila baustimal, que envuelve tanto a quien aprieta el obturador de la cámara, como a quien participa en esa verdadera revelación que es el proceso de negativos, químicos y papeles.
En un cuarto oscuro de Maracaibo, una joven se revela a sí misma revelando sus fotografías. En papeles de distinta textura y sensibilidad, los químicos le entregan no su imagen, sino los testimonios de su propia mirada, de aquello que ella ha captado a través de una cámara que se convierten en el reflejo de su mundo interior.
Mirna Chacín es esa joven que encuentra en la fotografía un acto de liberación, que le permite ser y verse.
-Cuando estoy en un laboratorio siento que revelo no un negativo, sino a Mirna, a mi misma, porque la fotografía es para mi un documento de mí misma. Por eso no hay nada que inventar y sí mucho por decir.
Humor y juventud se combinan en esta fotógrafa que trajo hasta Barquisimeto su trabajo reciente, 'Una de bicicletas', exposición inaugurada el pasado viernes en la Alianza Francesa y con la cual muestra por primera vez en la ciudad.
Su presencia permitió un encuentro con esta creadora de imágenes que puso en remojo los estudios de arquitectura, para dedicarse de lleno a un oficio que la confronta y reta cotidianamente.
Desde hace cinco años se dedica a la fotografía, con resultados auspiciosos si se toma en cuenta que en ese lapso ha realizado exposiciones en, los 'Espacios Cálidos' del Ateneo de Caracas; en la Embajada de Venezuela en Uruguay; en la ciudad de Padua, Italia, además del Premio de la II Bienal de Artes Visuales de Maracaibo.
Cinco años quizás sean muy pocos si se dimensionan con toda una vida, pero en alguien que no alcanza los treinta años, se trata de un lustro que da pie a procesos, cambios, transformaciones y decisiones vitales. Por eso los últimos años de Mirna Chacín corresponden a un proceso de definiciones personales y artísticas; de afirmaciones teóricas y estéticas.
Median esos años entre una muchacha que comenzaba a capturar el mundo que le rodeaba a través de una vieja y noble cámara fotográfica de 1950, que no llegaba ni siquiera a la condición de reflex y que la obligaba a precisar la rapidez de enfoque, y una creadora que se solaza hoy en la búsqueda de una perfección técnica y en el milagro revelador que encierra el hacer fotográfico.
- Yo asumo mi trabajo como algo que personalmente me dice muchísimo sobre mí misma. Dejé de ponerme metas o temas, no creo que se pueda trabajar diciéndome: Voy a hacer algo sobre... Mi compromiso es ser fiel a eso que se llama la atención y que atrapo en mis fotos.
Desprovistas de la cámara fotográfica, las manos de Mirna Chacín tratan de encontrar oficio hablando tanto o más que la palabra misma. Es así como recuerda sus comienzos en el laboratorio fotográfico de la Facultad de Arquitectura de LUZ, donde aprendió los secretos del trabajo fotográfico y donde apuntaló un rigor técnico que llenó el vacío de una formación formal en este sentido.
-Siempre he sentido como una especie de complejo por no haber tenido una formación de escuela en cuanto a la fotografía. Quizás por eso me he convertido en una maniática con la técnica, en eso soy perfeccionista, cuido mucho esa parte.
Ese cuidado se refleja en las fotografías que expone, en las cuales el rigor técnico sirve de instrumento para conformar un registro fotográfico que impacta y comunica, tal y como es su intención.
-Lo más importante en este trabajo es el concepto, es el contenido, porque la técnica no es nada si no hay contenido, si no hay qué decir. Yo quiero que la gente, después de ver las fotografías, no se les olvide. La técnica es el recurso para llegar a transmitir mejor el contenido, pero me interesa fundamentalmente lo que las fotografías, las imágenes le puedan, decir a un niño o a un anciano, a cualquier persona.
Se cuida de la vaciedad y la frivolidad que impera en seudocreadores: 'Estamos en un momento en que lo más importante es parecer y no ser. Pero el adorno distrae, engatuza por poco tiempo, desaparece', sostiene

Una de bicicletas

La exposición que esta fotógrafa inauguró en la Alianza se compone de unas 17 fotografías centradas todas en las bicicletas. Se trata de una serie realizada en Padua y constituyen un homenaje personal de Mirna Chacín a sus recuerdos juveniles, a su primer bicicleta.
Las fotografías de esas bicicletas le permitieron asistir al acto de su propia liberación. 'Siempre desde que perdí mi primera bicicleta a los 14 años, cuando veía una sentía un deseo irrefrenable por tomarla, pero lo reprimía, hasta que un día en Padua, salí una mañana con la intención de no reprimir más ese deseo y comencé a tomar todas las gráficas. Tomé unas 40 fotografías de todas las bicicletas que conseguía en mi camino. De ahí seleccioné 17'.
El resultado de este dejarse ir en el encuentro con imágenes interiores, con objetos que protagonizan o protagonizaron el itinerario vital del creador, son un conjunto de bicicletas que hablan de una mirada sensible y creadora, capaz de resumir en un manubrio, con breves destellos de luz, la presencia fugaz y rutinaria de esos vehículos cuyas ruedas y pedales constituyen la prolongación de miembros humanos. -De alguna manera entendí que yo era la bicicleta, así me representaba a mí misma.
Esta serie 'Una de bicicletas' data de este año y precede a otros trabajos como 'Moradas', basado en su vivencia en el pueblo falconiano de El Pedregal, donde Mirna Chacín recogió los latidos de una luz que impone su presencia enceguecedora en la intimidad de unas casas, de su gente, de sus miradas.
Ahora, sin metas que angustien e impongan, se propone la única fidelidad que se le puede exigir a un creador: su compromiso con aquello que le llama la atención y le obsesiona.

Una de Bicicletas
Marisela Gonzalo Febres
Catálogo de la Muestra, 10 de mayo de 1991.
Maracaibo-Zulia.

Acompañantes reales o imaginarias de nues-tra infancia, poseídas o deseadas, las bici-cletas nos enseñaron muy pronto, la armonía requerida para combinar la audacia lúdica y el peligro virtual. Animal terrestre, el hombre precisó desde muy temprano ser dueño de cielos y mares. La bicicleta condensa algunos de sus titubeos y gallardías: la torpeza del ave que abandona el nido se hermana con nuestros primeros y vacilantes pedaleos, los cuales, una vez dominada la técnica, repetirán rítmicamente el movimiento que alguna vez en la bruma de los tiempos, jóvenes remeros imprimieron a sus audaces barcos.
"UNA DE BICICLETAS" nos confirma que ninguna mirada es inocente, bicicletas en movimiento, inmóviles y arrecostadas en portales, dobladas en sus sombras a la manera de mundos analógicos y paralelos que se remiten mutuamente, manubrios a la espera de manos que los conduzcan a cualquier parte... 'bicicletas-penélopes' de la paciencia, testigos de ajenos recorridos. '
Mirna Chacín nos presenta una nueva mirada sobre lo que emerge como una de las tantas moradas del hombre. Quien haya montado alguna vez una bicicleta, sabe de los esfuer-zos requeridos para aprender a lograr el equilibrio entre el objeto que se desplaza y el suelo que lo sostiene. Sabe también de la sensación de libertad y dominio estrictamen-te personal que se ejerce al habitar un espacio caracterizado por la metamorfosis continua. El cuerpo tensionado vigila el entorno mientras los pedales y el manubrio juegan a ser prolongación de las piernas y las manos, contrastando con la quietud del torso. Los sentidos se afinan permaneciendo alertas a La mezcla indiscriminada de olores, ruidos e imágenes.
Mirna nos entrega visualmente su personalísimo e interior viaje a través de lo que denomina sus "bicicletas-personas". Nos permite encontrarnos en sus equilibrios y soledades. Nos restituye el placer de deambular por los recodos de la nostalgia sin sentirnos tristes por ello. Presencia de una ausencia, toda fotografía tiene el privilegio, al jugar con la analogía, de recuperar espacios perdidos en la memoria, habitándolos con la seguridad y lucidez del que regresa.

Mirna Chacín nos cuenta "Una de Bicicletas"
Yasmin Monsalve
Diario EL NACIONAL, 10 de Octubre de 1993
Caracas-Venezuela

El juego de luces y sombras siempre ha inquietado la curiosidad creativa de la fotógrafa Mirna Chacín. Sus series "Moradas", "Una de bicicletas" y "Viaje en claro" son las mejores pruebas de esta fascinación por los contrastes y las tensiones.
Chacín ofrece, a partir de hoy a las 1 am., en la Sala de la Fotografía de la Alianza Francesa de Chacaíto, una selección de obras de la serie "Una de bicicletas", dónde a las características antes mencionadas se une la nostalgia como elemento inspirador.
-La exposición es como un viaje por la nostalgia y la bicicleta el vehículo para recorrerla. El trabajo empieza presentando a algo que está solo y se adentra en las sombras de sus recuerdos, después, poco a poco, van apareciendo las personas. Encuentros y desencuentros. La gente la empieza a mirar, hasta llegar a la comunión con la bicicleta y al final mucha luz, que es como una reconciliación con uno mismo, precisa Chacín.
Cuenta que "Una de bicicletas" es producto de un par de visitas a Padova, Italia, lugar donde se dejó atrapar por la imagen de este objeto del que todos tenemos algún recuerdo. "El noventa por ciento de la muestra fue hecha en Padova a donde fui de vacaciones. Fue una época en que me encontraba muy nostálgica y, un día, decidí salir a tomar fotografías de todas las bicicletas que encontré en el camino. De las 28 que voy a exponer en Alianza Francesa hice 16 ese día. La siguiente parte, la realicé cuando volví un año después, cuando presenté en la galería El Sigilio mi exposición "Moradas". Fue un experimento para ver como me sentía esta vez y le di una conclusión a la historia que había comenzado".

-¿Cómo podría definir estas fotografías?
-Son radiografías de un momento de mi vida. La gente que las ha visto se emociona mucho porque todos de alguna manera hemos tenido que ver con la bicicleta. Cada quien hace su propio viaje con sus nostalgias montadas en una bicicleta. Cuando presenté esta muestra en Maracaibo oí un comentario que me gustó mucho: "Uno se monta y se va por esos pasillos y empieza a acordarse de cosas de uno".

Paseo por la nostalgia

El sepia le brinda a las fotografías de Mirna Chacín cierta noción de atemporalidad y de añoranza. Ella, como artista, se maravilla al ver "como la fotografía se convierte en un documento interior tan evidente. Son para mí como páginas de un diario", dice.

-¿No te da temor enfrentar tu intimidad con el público?
-Siempre me siento incómoda porque pienso que son trabajos muy personales y, realmente, nunca pensé hacer nada con ninguno de ellos, pero ha habido gente que me empuja a mostrarlos. Lo único que me asusta es que el público no pueda sentir nada. Me gusta que cada uno construya su propia historia.
Con esta misma serie de las bicicletas realizó un montaje en audiovisual que mostró en Francia en la I Fiesta Nacional de la Fotografía, en Chalons sur Mame, con música de principios de siglo. Y mientras estuvo en Italia realizó otro audiovisual titulado "La Boda", con imágenes muy frescas y una dimensión atemporal que quizás se exhiba en el marco de esta exposición.
"Viaje en claro", otro de sus trabajos fotográficos será presentado en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo a fines de este año. "En él presento un resumen de mi búsqueda interior. El efecto de luz y sombra aparece muy marcado. Me gusta presentar el conflicto que se da cuando existe la duda", agrega.

-¿Crees que el trabajo de los artistas siempre se nutre de sus obsesiones?
-En mi caso sí, y en general, pienso que tiene que ver con la necesidad de exteriorizar aquello que no se puede explicar internamente y que, como dicen muchos, las crisis son las que generan más producción, porque necesitan un escape. Por eso personalmente no creo que me pueda ubicar en un área de producción intelectual como el arte conceptual, porque soy muy intuitiva. Yo hago esto porque descubrí que tenía una vía de escape de mi inconsciente y una creatividad que necesitaba expresar. La parte intelectual entra al escoger el color, el encuadre, pero no es nada preconcebido. Ahora estoy trabajando sobre el tema de la muerte, otra de mis obsesiones.
"Una de bicicletas", de esta creadora nacida y residenciada en Maracaibo, estará abierta en la Alianza Francesa de Chacaíto hasta el 31 de octubre.

 

 

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